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En Colombia no se votó contra la paz

Joan del Alcàzar - Outubro 2016
 

Tras el colosal fiasco de la gran esperanza generada por el acuerdo firmado en La Habana, es a posteriori que los m√°s importantes actores pol√≠ticos colombianos act√ļan como debieran haber hecho a priori. Nadie ten√≠a un Plan B, como han reconocido tanto desde el gobierno de Santos como desde las FARC-EP. Tampoco Uribe, quien m√°s all√° de conseguir tumbar los acuerdos tropieza con grandes dificultades para gestionar su victoria, m√°s tras la concesi√≥n del Nobel de la Paz a su enemigo. Ahora, por distintas razones, tras la inmensa decepci√≥n, se han activado unas negociaciones que debieran haberse producido antes de llamar a la gente a votar sobre un tema tan sensible como emotivo, enconado y complejo.

Tras más de medio siglo de guerra interna, una lectura superficial del plebiscito recientemente celebrado en Colombia puede llevarnos a entender que una sociedad aquejada de una grave patología social votó a favor de que sean las armas las que sigan hablando; que los colombianos prefieren seguir con una guerra interminable, con un empate catastrófico a varias bandas en las que ni el Estado es capaz de imponer su ley, ni los insurgentes alcanzan a derrotarlo.

El sorprendente resultado de una consulta que se hab√≠a dise√Īado para ser el broche de oro a un proceso que concit√≥ la atenci√≥n mundial, ¬Ė el cual congreg√≥ en su cinematogr√°fica secuencia final a una impresionante n√≥mina de mandatarios, exmandatarios y personajes muy principales del escenario pol√≠tico planetario ¬Ė desminti√≥ una vez m√°s todas las prospecciones demosc√≥picas y destroz√≥ la ilusi√≥n de un consenso que se supon√≠a muy mayoritario en favor de refrendar los acuerdos alcanzados en La Habana, tras cuatro a√Īos de negociaciones entre los representantes del Gobierno colombiano y los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ¬Ė Ej√©rcito del Pueblo [FARC-EP]. Cuando parec√≠a seguro que los colombianos cerrar√≠an una largu√≠sima etapa de violencia pol√≠tica, tras cincuenta y dos a√Īos de guerra, el resultado arroj√≥ un ajustad√≠simo 49.79 de partidarios de aceptar lo acordado en La Habana, contra un 50.21 de contrarios a hacerlo.

Aunque el 20 de julio de 1964 se suele tomar como bueno para fechar la fundaci√≥n de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, por la construcci√≥n de su antecedente inmediato el llamado Bloque Sur, algunos especialistas se remontan al a√Īo 1948, cuando en el contexto que provoc√≥ el asesinato del l√≠der del Partido Liberal y candidato a la presidencia Jorge Eli√©cer Gait√°n se produjo la creaci√≥n del grupo de autodefensa, mayoritariamente de origen campesino, por parte de su l√≠der hist√≥rico Pedro Antonio Mar√≠n, alias Manuel Marulanda Tirofijo, que luego dar√≠a paso a la guerrilla organizada como brazo armado del Partido Comunista colombiano el 5 de mayo de 1966.

En la escalada de violencia de las FARC-EP durante los a√Īos noventa, parece haber un impasse provocado por la aprobaci√≥n del llamado "Plan Colombia", acordado por el presidente Andr√©s Pastrana y el presidente estadounidense Bill Clinton. Los Estados Unidos transfirieron miles de millones de d√≥lares para desarrollar una acci√≥n concertada contra las organizaciones guerrilleras y, paralelamente, contra los c√°rteles del narcotr√°fico, entre los que la l√≠nea de separaci√≥n era ya entonces cada vez m√°s tenue. Tambi√©n se estableci√≥ la creaci√≥n de una zona desmilitarizada en San Vicente del Cagu√°n, de m√°s de cuarenta mil kil√≥metros cuadrados, que estuvo vigente hasta el secuestro del senador Gechen Turbay, en febrero de 2002.

Adem√°s, a mediados de los a√Īos noventa, los sesenta y un grupos armados de las FARC-EP ten√≠an influencia en el poder local de m√°s de la mitad de los municipios existentes. Esta percepci√≥n de la existencia de un Estado dentro de otro fue probablemente lo m√°s perjudicial para la zona de distensi√≥n creada por el aludido "Plan Colombia". Sobre todo, porque habilit√≥ legalmente aquel extenso territorio para campo de entrenamiento, concentraci√≥n de secuestrados, laboratorios para la producci√≥n de coca, asesinatos y expulsi√≥n de las autoridades legales. Que las FARC-EP adoptaran una actitud intransigente, unida a un irrespirable clima de violencia generalizada hizo que muchos colombianos perdieran la esperanza en las negociaciones de paz, lo que ayud√≥ al desprestigio de los actores en pugna y ¬Ė en 2002 ¬Ė a hacer presidente de la Rep√ļblica al disidente del Partido Liberal √Ālvaro Uribe.

El "Plan de Seguridad Democrática", desplegado por el nuevo presidente, pasó por fortalecer los órganos de seguridad a través del territorio y por la incorporación beligerante de la sociedad colombiana. En esa línea incluyó redes de cooperantes y recompensas a informantes, así como estímulos las deserciones en el mundo guerrillero, la creación de unidades de soldados campesinos, ejecutando un sustancial aumento del presupuesto de defensa del país. A diferencia de sus antecesores, Uribe consideraba que en Colombia no existía un conflicto político en formato de lucha armada, sino un problema de carácter terrorista causado por las guerrillas.

Amnist√≠a Internacional ha mantenido tradicionalmente la tesis de que todas las partes en combate ¬†han ignorado el respeto a los derechos humanos. AI ha llamado la atenci√≥n de las autoridades colombianas, en cuanto a su responsabilidad hist√≥rica y actual en las causas del conflicto. Adem√°s, en una serie de informes relativos a la intimidaci√≥n de los activistas de derechos humanos, los periodistas y los candidatos a las elecciones, as√≠ como la violencia sexual de la que son objeto las mujeres en el marco del enfrentamiento armado, ha insistido en que las verdaderas v√≠ctimas se encuentran en la poblaci√≥n civil. Ideas √©stas tambi√©n presentes en los informes de Human Rights Watch y en los de la Comisi√≥n de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, por violaciones al derecho internacional humanitario, reclutamiento de menores, actos de violencia sexual, desapariciones forzadas, secuestro de civiles [que incluye los llamados falsos positivos a cargo del Ej√©rcito], trato inhumano de rehenes y desplazamientos forzados.¬ŅC√≥mo entender que los colombianos han votado en contra de acabar con esta situaci√≥n gangrenada por d√©cadas de conflicto armado? Una guerra en la que han interactuado el Ej√©rcito colombiano, los diversos grupos guerrilleros [entre otros las FARC-EP, el M-19 y el ELN, todav√≠a activo este √ļltimo], los paramilitares de las AUC [Autodefensas Unidas de Colombia], y los miles de pistoleros y sicarios de los c√°rteles de la droga [como el de Medell√≠n, el de Cali, y otros].

Lo primero que se puede decir para responder a la pregunta anterior es que votar, lo que se dice votar, los colombianos votan tradicionalmente poco y el plebiscito no ha roto la costumbre. Sólo el 37.44 de los que tenían derecho a voto lo ejercieron, es decir que de los casi 35 millones de censados dentro y fuera del país, escasos trece millones se acercaron a las urnas, mientras que más de 21 millones no lo hicieron. Descontando los problemas que los expertos aducen respecto a los déficits del censo, y los derivados de una climatología adversa en partes del país por el huracán Mathew, algunas explicaciones más exige el absentismo político de tantísima gente.

Carlos Malamud ha apuntado una elevada insatisfacci√≥n ante los acuerdos alcanzados, tanto porque se ha extendido la idea de que la violencia secular ejercida por las FARC-EP iba a quedar impune, como por la instrumentaci√≥n interesada que han realizado el expresidente Uribe y su partido, desde la oposici√≥n m√°s radical. Efectivamente, √Ālvaro Uribe ha conseguido golpear duramente a su contrincante, el actual presidente Juan Manuel Santos, convirtiendo ¬Ė en parte al menos ¬Ė el plebiscito en unas primarias de las elecciones presidenciales de 2018. Uribe explot√≥ el fantasma del castro-chavismo y de la probable instauraci√≥n de una dictadura bolivariana en caso de victoria del S√≠. De hecho, como ha reconocido el gerente de la Campa√Īa del NO, Juan Carlos V√©lez, apenas se apel√≥ a que los votantes se posicionaran sobre lo acordado en Cuba, sino que, en realidad, la estrategia de Uribe y los suyos fue apelar a la indignaci√≥n ciudadana. √Čsta fue, lisa y llanamente, la estrategia de la campa√Īa que termin√≥ con el triunfo del No. Textualmente, V√©lez ¬Ė quien por el esc√°ndalo que se organiz√≥ ha tenido que dimitir como miembro del partido de Uribe y ha ofrecido unas disculpas humillantes ¬Ė hab√≠a declarado: "La profundizaci√≥n de esta campa√Īa fue mandar el mensaje direccionado para ¬Ďsacar la piedra de los electores¬í, por estrato y ubicaci√≥n geogr√°fica. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios".

Ahora que el resultado de las urnas no ha sido el esperado por los firmantes del acuerdo de La Habana, el que aseguraban los sondeos, ahora es cuando se ha establecido un diálogo, incluso una incipiente negociación entre los actores políticos actuales, gobierno y oposición; es decir, entre Santos y Uribe. Puede pensarse que una letal mezcla de miopía y egoísmo, en un contexto en el que ni los unos ni los otros tenían la paz como objetivo central, sino que pretendían sacar importantes réditos políticos de la situación, está detrás tanto del resultado concreto de la consulta como de la baja participación.

No obstante, tras esa incomprensible falta de previsi√≥n ¬Ė que revela en √ļltima instancia la debilidad de los liderazgos y la carencia de sentido de Estado ¬Ė han surgido voces que quieren ver luz en el t√ļnel derrumbado. El gobierno de Santos ¬Ė ahora reforzado por la obtenci√≥n del Nobel de la Paz ¬Ė trata de ¬†recuperar la centralidad sobre el escenario, y lo har√° buscando el apoyo del Congreso en el que goza de mayor√≠a; mientras que la oposici√≥n liderada por Uribe ha de saber gestionar su √©xito sin adjudicarse la paternidad exclusiva del NO y sin que nadie pueda pensar que est√° en contra del fin de la violencia. El Estado Mayor de las FARC-EP, a su vez, ¬†no puede desmentir su publicitada e inequ√≠voca apuesta por la paz, entre otras cosas porque es mucho lo que pusieron sobre la mesa de las negociaciones y ahora, sencillamente, no pueden revertir militarmente los pasos dados en favor del fin de la confrontaci√≥n armada. As√≠ pues, parece que todos habr√°n de hacer de la necesidad virtud.

Son muchos los analistas que han conectado el resultado del plebiscito colombiano con el Brexit reciente, incluso para refutar una supuesta anomal√≠a colombiana, la del inexplicable ¬†y aparente voto contra la paz. No parece que m√°s all√° del fallo de los sondeos [algo bastante frecuente √ļltimamente] y de las inclemencias meteorol√≥gicas, se puedan establecer m√°s conexiones.

Eso no significa que Colombia sea otro planeta. Al contrario. Quiz√° lo que ha ocurrido en aquel pa√≠s sudamericano tenga que ver con otra realidad pol√≠tica bastante extendida en Occidente: la de trasladar a la ciudadan√≠a la responsabilidad de pronunciarse sobre asuntos de extrema complejidad sobre los cuales quienes debieran de decidir ¬Ėasumiendo todas las responsabilidades que de ello se derivaran ¬Ė ser√≠an los representantes elegidos por esa ciudadan√≠a para analizar, discutir y pactar hasta conseguir los acuerdos que gocen de las m√°s altas dosis de consenso entre los ciudadanos. Fracasada la v√≠a de una irresponsable e imposible democracia directa, habr√° de retomarse la de la a veces denostada democracia representativa, haciendo trabajar las instituciones, singularmente el Congreso.

Quizá una buena parte de los colombianos que votó NO y, todavía más, muchos de los que no votaron, expresaron su disconformidad con unos líderes partidarios que no han estado a la altura de lo que el país necesita, y que además de utilizarlos en sus particulares luchas de poder, no han hecho sino trasladar a los ciudadanos una buena parte de las responsabilidades que ellos debieran de haber asumido y desarrollado antes, mucho antes de convocar a la gente a las urnas.

La senadora liberal Sofía Gaviria, antes cuestionada por sus opiniones críticas sobre las negociaciones de La Habana, ha concitado amplios apoyos a una idea superadora de los antagonismos que cristalizaron en el plebiscito: "Hay que pasar la página de los comités y de los partidos por el Sí o por el No, unirnos todos y actuar con grandeza. Es necesario que cesen los discursos en clave política [partidaria], con miras a las elecciones del 2018, y que los dirigentes obren más allá de los intereses particulares".

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Joan del Alcàzar es profesor de Historia de la Universidad de Valencia.

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Fonte: Especial para Gramsci e o Brasil.

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