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Las acusaciones contra Lula, frustración y melancolía para la izquierda política

Joan del Alcàzar - Setembro 2016
 


Luiz In√°cio Lula da Silva ejerci√≥ como presidente del Brasil desde el 1 de enero de 2003 hasta el 1 de enero de 2011, cuando le sucedi√≥ Dilma Rousseff, una directa colaboradora suya. En julio de 2003 publiqu√© un art√≠culo [muy optimista] sobre la nueva coyuntura brasile√Īa y pocos meses despu√©s otro menos esperanzador, a pesar de que manten√≠a un buen √°nimo. En √©l afirmaba: "Es pronto todav√≠a para emitir valoraciones contundentes, pero parece que hay demasiadas inercias del pasado y que la mudan√ßa do modelo no est√°, desgraciadamente, a la vuelta de la esquina" ["Lula, Allende i la revoluci√≥ passiva a la brasilera", L¬íEspill, 2003].

Ahora han pasado cinco a√Īos de la salida de Lula del Palacio de Planalto. Su sucesora acaba de ser apartada del poder por votaci√≥n del Senado y el propio ex presidente ha sido formal y gravemente acusado por la Justicia brasile√Īa. Concretamente, la Fiscal√≠a, mediante un auto de 149 p√°ginas, dice que "Despu√©s de asumir el cargo de Presidente de la Rep√ļblica, Lula comand√≥ un esquema delictivo de desv√≠o de recursos p√ļblicos destinados a enriquecerse il√≠citamente, con el objetivo de perpetuarse criminalmente en el poder".

El auto de la fiscal√≠a es dur√≠simo. De hecho, afirma que a) Lula se mantuvo en el poder merced una gobernabilidad asentada en bases criminales mediante la compra de apoyo pol√≠tico; b) gener√≥ en favor de su partido - el Partido de los Trabajadores, PT - un colch√≥n de recursos il√≠citos para sufragar futuras campa√Īas electorales en el contexto de una perpetuaci√≥n criminal en el poder; c) dispuso en su provecho de dinero procedente de cr√≠menes, propiciando un enriquecimiento il√≠cito. Todas estas ventajas estuvieron ligadas al desv√≠o de recursos p√ļblicos y al pago de sobornos a agentes p√ļblicos y pol√≠ticos, organizaciones partidarias y operadores financieros. Terribles acusaciones, ciertamente.

Independientemente de c√≥mo evolucione la causa judicial contra el expresidente, lo bien cierto es que leer lo que escrib√≠ hace trece a√Īos y compararlo con lo que ahora sabemos y est√° confirmado respecto del volumen de la corrupci√≥n gubernamental brasile√Īa durante los periodos de Lula y Dilma, incita a la frustraci√≥n y a la melancol√≠a que son propias de las expectativas de progreso defraudadas sin anestesia.

A pesar de que la propuesta lulista de 2003 se había querido sintetizar en un mensaje sesentayochista ("Paz e amor"), detrás había una propuesta muy polisémica, ciertamente, pero un poco más tangible: la mudança do modelo. Una propuesta de cambiar el modelo [económico y social] que consiguió el apoyo de más de cincuenta y dos millones de votos favorables a Lulinha.

A ellos les hab√≠a escrito su Carta ao Povo Brasileiro, en la que sosten√≠a que "ser√° necesaria una l√ļcida y juiciosa transici√≥n entre el que tenemos hoy y aquello que la sociedad reivindica. Lo que se hizo o se dej√≥ de hacer en ocho a√Īos no ser√° compensado en ocho d√≠as. El nuevo modelo no puede ser producto de decisiones unilaterales del gobierno, tal como ocurre hoy, ni ser√° implantado por decreto, de modo voluntarista. Ser√° fruto de una amplia negociaci√≥n nacional, que tiene que conducir a una aut√©ntica alianza por el pa√≠s, a un nuevo contrato social, capaz de asegurar crecimiento con estabilidad".

La mudança empezó a hacerse tangible desde la misma toma de posesión de Lula. Dos medidas fueron especialmente resaltadas: la de dar títulos de propiedad a millones de habitantes de las favelas de todo Brasil y la anunciada por el ministro de educación Cristovam Buarque: "Retribuiremos a los analfabetos para aprender a escribir". Buarque, además, era muy explícito al referirse al fenómeno Lula, al lulismo, cuando declaraba "Creo que todavía no tenemos un rumbo ideológico claro. No sabemos todavía bien que es el llamado lulismo". El ministro de educación pedía ayuda a la Universidad [El País, 16.01.2003].

Pues bien, ésta, como reclamaba Buarque, pronto empezó a intervenir en el debate. Luiz Werneck Vianna, reconocido profesor del Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro (IUPERJ), escribiría un artículo titulado significativamente "O que mudou", y afirmaba que estaba en curso una revolução silenciosa, en la que "todo ha cambiado, porque nuestras instituciones surgen ahora como lugares de confianza para la realización de los cambios que la sociedad ha decidido emprender" [Folha de S. Paulo, 10.02.2003]. Werneck había retomado el concepto gramsciano de revolución pasiva, una revolución sin revolución, y lo utilizaba en su análisis de lo que estaba pasando en Brasil.

Convencido que la revolución en estos tiempos de mundialización y de cambios radicales en los patrones productivos no puede ser una revolución de ruptura, sino que tiene que ser necesariamente pasiva, el problema reside en quien dirige los cambios para que estos tengan una dirección y un sentido positivos para la mayoría. El gran desafío es que sean las fuerzas del cambio, las de la mudança, las que dirijan el proceso en términos de los actores políticos, de los programas de gobierno, de los cambios sociales y económicos.

Lula, afirmaba el profesor, podría ser el director del proceso de revolución pasiva que se movía hacia delante no tanto como reacción a los movimientos sociales sino para consolidarlos y, además, para reforzar todavía más la senda de la democratización progresiva del país.

Ciertamente el nuevo presidente del Brasil enfrentaba lo que no puede sino calificarse como un desaf√≠o hist√≥rico. Un reto que Lula expres√≥ sin un gramo de ret√≥rica cuando cifr√≥ el √©xito de su gobierno en la consecuci√≥n de que los brasile√Īos, todos los brasile√Īos, hicieran tres comidas al d√≠a al final de la primera legislatura. El diario El Pa√≠s, expl√≠cito, titulaba a las pocas horas del primer Consejo de Ministros presidido por Luiz In√°cio da Silva: "44 millones de hambrientos esperan a Lula. La lucha contra la pobreza en un pa√≠s de recursos es el gran reto del nuevo gobierno brasile√Īo" [El Pa√≠s, 05.01.2003].

La visi√≥n que ten√≠amos en 2003 era de gran expectaci√≥n en la medida que pens√°bamos que si aquella revoluci√≥n pasiva a la brasile√Īa pon√≠a en marcha profundas reformas sociales financiadas desde el crecimiento con estabilidad, que era el contenido de lo que Lula denominaba nuevo contrato social, eso s√≠ que resultar√≠a democr√°ticamente revolucionario. Y podr√≠a serlo no s√≥lo para el Brasil, sino, como referencia, para los otros pa√≠ses del √°rea. La experiencia brasile√Īa podr√≠a ser una propuesta tangible para que en Am√©rica Latina se empezara a ver la luz al final del largu√≠simo t√ļnel de la desigualdad.

La euforia aun así duró poco y, rápidamente, en tanto que se tomaban medidas desde el nuevo gobierno, las críticas empezaron a hacerse explícitas. Desde la Universidad, como había pedido Cristovam Buarque, también empezaron a llegar censuras de gran calado hacia el gobierno trabalhista. Boris Fausto, prestigioso historiador y profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidade de São Paulo escribió que no era para él una sorpresa que los nuevos gobernantes hubieran asumido con convicción la ruta del capitalismo, pero sí que había sido una novedad que más que hacerlo desde una orientación socialdemócrata lo hubieran hecho desde el modelo norteamericano. Fausto acusaba al gobierno de Lula de haber usado "las fanfarrias de Fome Zero como un habilidoso cortafuego anticipado de las quejas populistas o de izquierda en cuanto al rumbo de la política económica" [Folha de S. Paulo, 19.10.2003].

Luiz Werneck Vianna, quien en febrero de 2003 hablaba de la revoluci√≥n pasiva que estaba produci√©ndose en Brasil, en entrevista concedida al mismo diario en octubre, se nos rebelaba con un gran pesimismo. El mismo t√≠tulo de la entrevista ya era contundente: "O PT √© quase um partido liberal". Werneck advert√≠a un cambio de rumbo muy profundo en, por ejemplo, las cuestiones de Medio ambiente, pero es que, adem√°s, explicaba que el Estado hab√≠a perdido presencia como "o grande tomador de deciso?s em mat√©ria econ√īmica", en beneficio del mercado. Adem√°s el profesor encend√≠a dos alarmas de la m√°xima importancia. La primera era que el √ļnico partido [el PT] identificado con una idea de cambio [mudan√ßa] hab√≠a sido dominado por el conservadurismo, por la inercia. Y a√Īad√≠a: "Ser√° uma heran√ßa muito complicada de se administrar". La segunda, quiz√°s todav√≠a m√°s peligrosa: el PT y Lula estaban desvi√°ndose de la ruta que hab√≠an prometido, y esto era peligros√≠simo porque la sociedad hab√≠a cre√≠do que la pol√≠tica pod√≠a cambiar el pa√≠s. Y la pol√≠tica estaba dici√©ndole a la sociedad que no era capaz de hacerlo. Si esto se confirmaba - conclu√≠a Werneck -, ser√≠a la peor pedagog√≠a para los brasile√Īos, puesto que provocar√≠a la p√©rdida de credibilidad en las instituciones democr√°ticas, y "Sem democracia, as mudan√ßas s√£o imposs√≠veis" [Folha de S. Paulo, 19.10.2003].

Escribía yo en 2003, en sintonía con lo expuesto más arriba, que ese fracaso de la política tendría efectos terribles no sólo sobre Brasil, sino sobre toda la América Latina, cuando menos. Es una ley universal de la política: la distancia entre las expectativas generadas y los resultados finales de la gestión de los líderes y partidos que las han provocado ha tenido siempre resultados terriblemente perversos para quienes habían confiado en la posibilidad de ver cumplidas sus aspiraciones de mejora.

A pesar de todo, a toro pasado podemos afirmar que la euforia econ√≥mica [la burbuja, dir√≠amos ahora] que se vivi√≥ en Brasil durante los gobiernos de Lula escondi√≥ la realidad de las debilidades del gigante brasile√Īo. Una de ellas, inmensa, era y es la corrupci√≥n. Ahora las acusaciones judiciales hacia el gran l√≠der, la destituci√≥n de la presidenta Rousseff al hacerse efectivo su impeachment, y especialmente los diversos y espectaculares casos de corrupci√≥n que han afectado los √ļltimos gobiernos brasile√Īos [desde el Mensal√£o en 2005 a Petrobras recientemente] han sacudido a la ciudadan√≠a brasile√Īa, polariz√°ndola entre dos posiciones a favor y en contra del PT, de Rousseff y de Lula.

Desde la dirección del PT se ha llegado a decir que se ha producido en Brasil un golpe [de Estado] de nuevo tipo. Como ha explicado el profesor de la UNESP Alberto Aggio, la tesis del petismo es que las clases dominantes, apoyadas por unos medios de comunicación monopolistas y las clases medias reaccionarias perpetraron un golpe de estado mediante acciones de comunicación, jurídicas y parlamentarias. Un conjunto de elementos que conformarían el dispositivo del "golpe de novo tipo". El mismo Aggio argumenta tanto en cuanto a la carencia de solvencia de la tesis como advierte de su peligro, en la medida que puede conducir a una parte de la izquierda a la relativización de la democracia, supuestamente indefensa ante sus agresores [en este caso esa conspiración, la de los golpistas, que ha echado a Dilma y que ahora acusa a Lula], lo cual puede inducir a concluir que esa democracia tiene que ser sustituida por un régimen también de "novo tipo", a la imagen de otras experiencias latinoamericanas recientes.

El problema central, aun as√≠, no es sino la incapacidad demostrada por los actores pol√≠ticos de reducir la inmensa desigualdad social que sufre Brasil, m√°s all√° de practicar una pol√≠tica de beneficencia que a pesar de que genera fidelidad partidaria, s√≥lo se puede mantener en √©pocas de fuerte bonanza econ√≥mica. Esta carencia de solvencia est√° unida a una corrupci√≥n de dimensiones apocal√≠pticas que hoy por hoy ha llegado - presuntamente - a afectar a aqu√©l que en 2003 abri√≥ la esperanza de realizar un nuevo contrato social entre los brasile√Īos, una mudan√ßa do modelo, para reducir de forma efectiva y sostenible esa desigualdad extrema que sufre el pa√≠s. Es terrible como se han hecho pedazos las esperanzas de 2003, a pesar de que habr√° que continuar atentos a la evoluci√≥n del proceso que est√° generando ya frustraci√≥n y melancol√≠a para la izquierda pol√≠tica, tanto brasile√Īa c√≥mo internacional.

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Joan del Alcàzar es profesor de Historia de la Universidad de Valencia.

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Fonte: Especial para Gramsci e o Brasil.

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